Veredicto final (The verdict)
 
Una sublime dirección y un Paul Newman en estado de gracia
 
Sidney Lumet no es un novato, así que, cuando se propuso realizar esta película, era absolutamente consciente de las altas miras que se proponía. El veterano director, responsable de productos de indudable calidad, como Doce hombres sin piedad, Network, Sérpico o Tarde de perros, decidía extrapolar toda su sabiduría jurídica y cinematográfica en una nueva obra que, como solía ocurrir con todas sus películas, removería los pilares del sistema, dado su alto contenido crítico y nada complaciente. Su formación en la Licenciatura de Derecho le sirvió, y mucho, para poder afrontar su filmografía de un modo documentado y trabajado, y no partiendo de meras premisas que pudiesen devenir folletinescas o falsamente melodramáticas. Lumet, sabio director de actores, y consciente de los riesgos a los que se enfrentaba (baste con recordar el remake que hizo de la magnífica Gloria, de John Cassavettes, substituyendo a Gena Rowlands por Sharon Stone, que no fue bien acogida ni por crítica ni por público), optó por un dueto actoral sensacional para dar vida a un intenso enfrentamiento procesal, Paul Newman y James Mason. Un ya envejecido Paul Newman caracteriza, de un modo sublime, a un abogado sin escrúpulos en horas muy bajas, alcohólico y mujeriego, quien no duda
en acudir a velatorios para captar clientes, hechos que quedan constatados con los impactantes planos iniciales. Su suerte cambia cuando recibe un caso que le puede reputar una ingente suma de dinero, una negligencia médica. La parte demandada está dispuesta a reconocer su error y desembolsar una indemnización millonaria, pero Newman, en el momento de la conciliación, en un ataque de humanismo, rechaza el cobro y elige la vía judicial como método de resolución de la controversia, aun a sabiendas de las serias dificultades probatorias de su caso, e incluso de la disconformidad de su propio cliente. El abogado de la parte contraria, encarnado por James Mason, es dueño de un macrobufete jurídico que no dudará en utilizar todas sus artimañas para hacer frente a la acusación, con lo que la disputa legal se convertirá en un enfrentamiento desmedido, similar al que se libró entre David y Goliat. A partir de aquí, la narrativa se convertirá en una carrera contrarreloj, casi perdida desde el inicio, para hacer prevalecer la justicia y los intereses humanos sobre los económicos. La sobriedad en la dirección, magistral, por otro lado; la descripción detallista de las diferentes fases del procedimiento, la capacidad de convicción que destila Lumet cuando rueda en una sala de vistas (especial referencia merecen los magníficos travellings sobre las cabezas del jurado) , el brillante guión perfilado por uno de los más grandes y personales escritores, David Mamet (guionista, escritor y dramaturgo), la excelente interpretación del elenco actoral, el ritmo medido, apasionante para los que disfrutamos del buen cine, y la naturalidad con la que refleja los sentimientos, sin cargar las tintas ni caer en el lacrimógeno fácil, hacen de Veredicto final una sensacional película firmada por uno de los grandes y más prolíficos artesanos cinematográficos, todavía en activo, y que siempre se ha mantenido fiel a su estilo crítico y combativo. Una película que no ha perdido un ápice de su magnetismo y actualidad a pesar de contar ya con veinte años de antigüedad, y que combina el buen hacer de un director veterano con el excepcional trabajo actoral de dos clásicos del cine. Una verdadera joya indispensable en todas las videotecas de cualquier cinéfilo que se precie.
   
 
Por Augusto Fco. González Braña
 
   
Disponible en VHS y DVD  
   
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