Camino a la perdición (Road to Perdition)
   
Excepcional reafirmación de Sam Mendes como director
   
Muchas expectativas había sobre la nueva película de Sam Mendes, tras su exitoso debut cinematográfico hace un par de años que culminó con la consecución de cinco Oscars. Si el film en cuestión, American Beauty, sorprendió por su capacidad de disección al detalle de las grietas que se abren en las aparentemente felices y ejemplares familias norteamericanas, su nueva propuesta viene precedida de una absolutamente inquietante premisa, la vuelta al cine negro clásico. Camino a la perdición adopta la época de la depresión como telón de fondo, en la que las bandas organizadas mafiosas imponen su autoridad a través de los negocios sucios, luchando contra la represión de la Ley seca. A pesar de que la película contiene los tópicos habituales en este género (la presencia de un matrimonio o de un funeral, el código de lealtad entre los miembros del clan familiar, la ley del silencio, etc.), Mendes sabe encauzarlo con holgura hacia un relato paternofilial a dos bandas (Tom Hanks/Paul Newman, y Tom Hanks y su hijo mayor), de modo que elude caer en los convencionalismos para enfrentarse a una historia de redención, venganza y ruptura con el pasado. La acertada progresión del guión se tiñe de maestría con la excepcional dirección, que rebosa majestuosidad en sus planos y poesía en algunas
secuencias, a la vez que muestra la violencia (necesaria, obviamente en este género) de un modo seco, real y nada desnaturalizado. Por otro lado, la perfecta recreación en la dirección artística, el vestuario y la fotografía (impecables claroscuros), configuran el brillante aspecto formal de Camino a la perdición, quedando todo ello subrayado por la sugestiva partitura de Thomas Newman, que combina piezas orquestales con rítmicos temas de
poderoso jazz de los años 30. Por supuesto, la fuerza expresiva de los actores resulta apabullante, el trío Tom Hanks/Paul Newman/Jude Law desborda los esquemas de lo imaginable, y consiguen un sobresaliente trabajo de inmersión en sus respectivos personajes, mientras que el elenco de actores secundarios apoyan y fortalecen con solidez el texto fílmico.
Sam Mendes no sólo ha salido airoso de su prueba de fuego, sino que, además, ha logrado constatar su versatilidad y buen hacer con un género que había caído desgraciadamente en el olvido, puesto que nada igual se recuerda desde que Curtis Hanson adaptara al cine la novela de James Ellroy, L.A. Confidential; y que tanto nos ha hecho disfrutar durante décadas, dejando para la posteridad grandes nombres de la Historia del Cine, como Howard Hawks, Humphrey Bogart, John Huston, James Cagney o E.G. Robinson. El extraordinario pulso narrativo y la desbordante dirección técnica de Mendes nos ofrece la oportunidad de revivir aquellos momentos con Camino a la perdición, notable film que ya ha sido considerada por algunos como El padrino del siglo XXI. El tiempo lo dirá.
   
 
Por Augusto Fco. González Braña
   
Disponible en Vídeo y DVD  
   
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